Elegir el lugar correcto exige leer microrelieves, vientos dominantes y capas congeladas que hoy se deshielan con rapidez inesperada. Al minimizar movimientos de tierra, usar cimentaciones puntuales y permitir el drenaje natural, se evitan deslizamientos, grietas y cicatrices que tardan décadas en curar visual y ecológicamente.
Cabras montesas, urogallos y marmotas utilizan rutas heredadas que no aparecen en los mapas. Señalizar desvíos temporales en épocas sensibles, programar obras fuera de periodos de cría y alejar luces o ruidos de dormideros permite compatibilizar acogida de visitantes con poblaciones sanas y comportamientos naturales no alterados.